Una mirada transversal para el desarrollo sostenible del territorio

Autores: Abadia, Anna; Cornejo, Víctor; Gutiérrez, Daniel; Villar, Vàngelis. (Territori Obert)

Citación: Abadia, Anna; Cornejo, Víctor; Gutiérrez, Daniel; Villar, Vàngelis (2012). “Una mirada transversal para el desarrollo sostenible del territorio?”. Anuari DifuCom, 1, http://anuari.difucom.org/2012-2/una-mirada-transversal-para-el-desarrollo-sostenible-del-territorio

Palabras clave: Paisaje, Patrimonio, Territorio, Desarrollo, Turismo sostenible.

Resumen: ¿Qué entendemos por paisaje? ¿Qué englobamos dentro del patrimonio? En este artículo proponemos una visión disciplinaria diferente sobre el paisaje donde la naturaleza y el hombre han ido dejando sus huellas al largo del tiempo. Pero a su vez hablamos de patrimonio activo, pues crea riqueza. Pero, su propio valor depende de como entendamos su sostenibilidad.

Breve C.V de la autores: Territori Obert es un grupo de profesionales provenientes de diferentes disciplinas que han convergido en la idea de potenciar el paisaje y el patrimonio como fuente de desarrollo territorial.

  • Anna Abadia Martí es licenciada en historia y diplomada en turismo, especializada en planificación turística y marketing de destinaciones. Sus intereses combinan la historia, el patrimonio cultural, la gestión del territorio, el turismo sostenible y el interés por las nuevas tecnologías. Su bagaje profesional incluye desde la colaboración en proyectos de recuperación de la memoria histórica hasta experiencias en el sector de la información turística.
  •  Víctor Cornejo Ramírez es licenciado en geografía y máster en intervención y gestión del paisaje. Tiene amplia experiencia en trabajos y proyectos para las administraciones locales realizando inventarios de dominio público, catálogos patrimoniales y gestión catastral. Ha participado en diversos workshops internacionales siempre vinculados con el diseño de estrategias para el desarrollo territorial a partir de elementos culturales y del paisaje.
  •  Daniel Gutíerrez Espartero es arqueólogo y consultor en patrimonio cultural, posgrado en dirección y gestión de empresas. Especialista en la gestión urbanística del patrimonio cultural, ha realizado proyectos en el ámbito de los planeamientos urbanísticos, la patrimonialización y planes estratégicos de activación del patrimonio cultural, tanto para administraciones públicas como para instituciones privadas. Actualmente está muy interesado en la relación entre patrimonio cultural, territorio y nuevas tecnologías.
  •  Vàngelis Villar Vidal es licenciado en biología, especializado en antropología física y máster en museología y gestión del patrimonio cultural. Ha combinado su formación de científico con su interés por las capacidades formativas del patrimonio natural y científico, participando en diversos proyectos expositivos, diseño de actividades para museos y proyectos de puesta en valor y dinamización cultural.

Correo electrónico de contacto: territoriobert@gmail.com

Página web personal/académica/profesional de los autores: http://territoriobert.wordpress.com

 

Una mirada transversal para el desarrollo sostenible del territorio

1. Una definición de paisaje

Habitualmente entendemos por paisaje la matriz donde la naturaleza y el ser humano han ido extendiéndose y evolucionando a lo largo de los milenios. Por tanto, el paisaje está lleno de huellas, unas claras y marcadas, otras más sutiles y subyacentes, algunas hechas por los azares de la naturaleza, y otras por los azares de una máquina excavadora. Huellas que se han borrado con la llegada de otras huellas que vuelven a aparecer porque el tiempo ha borrado aquéllas más efímeras. Se han ido conformando durante siglos a partir de centenares y miles de sucesos, algunas veces de manera pausada, otras veces de manera abrupta, que han ido modelando este espacio.

El paisaje es uno de esos conceptos que todo el mundo sabe qué es pero que no todo el mundo aprecia de la misma manera. Así como hay quienes piensan que un paisaje sólo es aquello que vemos en la naturaleza, como los pintores románticos ingleses; hay otros que piensan que todo lo que vemos es paisaje. En este sentido, según la definición del Convenio Europeo del Paisaje, presentado en Florencia el año 2000:

“Paisaje se refiere a un área, tal y como la percibe la gente, el carácter de la cual es resultado de la acción y la interacción de factores naturales y/o humanos”.

Es decir, que si hacemos nuestra esta definición, todo aquéllo que vemos y percibimos es paisaje. Es más, cada uno de nosotros tendrá una mirada diferente sobre un paisaje; algunos considerarán un paisaje aburrido mientras que otros pueden considerar el mismo paisaje completamente fascinante. A raíz del Convenio Europeo del Paisaje han ido surgiendo leyes, seminarios, jornadas, observatorios, etcétera, que fomentan una mirada diferente del paisaje que nos llevan a pensar que el paisaje es importante.

Así pues, el paisaje, en tanto que punto de encuentro entre la naturaleza y la cultura es patrimonio de todos, su degradación o desequilibrio nos afecta directamente y por tanto es responsabilidad de todos conocerlo, conservarlo y gestionarlo. El paisaje es una huella de nuestros antepasados, es parte fundamental de nuestra identidad. Los elementos situados sobre el territorio pueden convertirse en un recurso en tanto en cuanto forman parte de nuestro patrimonio y de nuestra manera de vivir; es un recurso en sí mismo y puede ser clave en nuestro desarrollo. Así pues, ¿es posible concebir el paisaje como un activo y no únicamente como un fondo de escenario?

 

2. Una definición de patrimonio

Cuando pensamos en patrimonio habitualmente pensamos en el conjunto de bienes materiales que reflejan de alguna manera el rastro de nuestros actos, nuestras creencias y los valores de nuestros antepasados. Queremos destacar el término “material” porque hasta no hace demasiado ésta era la clave. De hecho, la ley estatal española de patrimonio en vigencia en estos momentos (Ley 16-1985 de 25 de junio de Patrimonio Histórico Español) se refiere únicamente a bienes patrimoniales como muebles o inmuebles. Ninguna referencia al patrimonio inmaterial y breves pinceladas tangenciales al patrimonio natural. Tangenciales porque se mencionan en tanto en cuanto son componentes inseparables de construcciones arquitectónicas como los jardines botánicos.

En la literatura especializada podemos encontrar que el patrimonio es una construcción social el significado de la cual es, además, variable. Esto quiere decir que la decisión de aquello que es patrimonio y aquello que no lo es, es una decisión externa a los elementos que estamos considerando como tales. Además, los valores según los cuales hoy consideramos un elemento como patrimonio pueden no ser los mismos que hace treinta , cien o doscientos años o, por contra, los que consideraremos en el futuro. Y estos cambios se encuentran supeditados a intereses políticos, sociales, etcétera, de los poderes legitimadores.

La legislación aplicada al patrimonio, además, a menudo no es suficientemente rápida como para captar los cambios sociales a que se ve sometido el concepto de patrimonio. Así pues, si la idea de patrimonio aparece durante el Romanticismo en el siglo XIX, desde entonces y hasta ahora, el concepto de patrimonio se ha ido matizando y ha ido conformando diferentes estadios de desarrollo. En efecto, se han ido incorporando, progresivamente, nuevas tipologías más allá del patrimonio mueble. De hecho, ahora mismo, cualquier elemento puede convertirse en patrimonio si se dan los procesos necesarios para que así se considere: patrimonio natural, festivo, inmaterial, etcétera se han ido incorporando, progresivamente, al conjunto de patrimonio a considerar.

Y lo entendemos así porque estos elementos plasman un conjunto de valores y símbolos que ahora mismo consideramos relevantes. Son como la punta de un iceberg que representa el conjunto de hechos, personas u otros bienes dentro del territorio, que lo hicieron posible. ¿Es posible contextualizar todos estos elementos y concebirlos más allá de una imagen aislada de patrimonio sacralizado? Valorar la punta del iceberg, ese elemento identificable, como un elemento aislado que plasma un conjunto de hechos, no tiene demasiado sentido si no tenemos en cuenta todo el conjunto. Y este conjunto no es únicamente material si no que se conforma por un conjunto de aspectos que dan sentido a un bien cultural. Es decir, comprender un elemento de manera global dentro del conjunto que lo ha hecho posible.

 

3. El paisaje como elemento patrimonial

Entendido el paisaje como un elemento patrimonial, ¿cuál es el conjunto de mecanismos que nos pueden llevar a conservarlo y a potenciar su valor?. La consideración del paisaje como un elemento a preservar para las generaciones futuras está llena de matices, especialmente cuando entramos a considerar el concepto de conservación, que toma un nuevo significado cuando hablamos de paisaje, ya que está estrechamente ligado al concepto de gestión. El profesor Oriol Nel·lo así lo expuso en su discurso de recepción como miembro emérito del Institut d’Estudis Catalans, con el título de “De la conservación a la gestión”. Optar por la conservación como medida de emergencia no es la mejor forma de preservar el paisaje para las generaciones futuras, ya que estamos dándole, en muchos casos, un uso impuesto, que no responde a las necesidades de un territorio de de sus habitantes.

Es interesante en este punto poner de relieve las palabras de Joan Nogué cuando define el paisaje como el “rostro de un territorio” ya que también es el rostro de la sociedad que lo habita; esto se refiere también a conocer qué uso hace -y ha hecho- de su entorno y de sus recursos.

Cuando observamos diferentes paisajes, nos encontramos con algunos que nos parecen más agradables así como otros que nos lo parecen menos. Si nos fijamos con más detenimiento, aquellos paisajes más agradables acostumbran a ser estéticamente armónicos, en equilibrio. Por contra, aquellos que menos nos gustan, nos parecen desordenados, abandonados e incluso los podemos percibir como inseguros. A menudo coincide, haciendo más hincapié, que aquellos paisajes agradables y armónicos, son aquellos que son producidos, los que están trabajados, pensados y gestionados, donde es evidente una interacción equilibrada entre el uso y el mismo territorio.

Pero no todos los paisajes gestionados son paisajes equilibrados donde la interacción entre el territorio, sus modeladores y la población que allí vive son los más correctos. En el momento de plantearnos una intervención hay un riesgo inherente muy grande de caer en la banalización. Es en los ámbitos urbanos o periurbanos donde nos resulta más fácil encontrar ejemplos. Sirva como apunte la innecesaria polémica mediática entorno de la creación del Barrio Gótico de Barcelona así como otros centros históricos de nuestras ciudades. De la misma manera, en el ámbito rural encontramos la banalización en algunos paisajes productivos que priman razones estéticas o comerciales por delante de la búsqueda de este equilibrio. Como por ejemplo en el caso del paisaje de la viña: algunas terrazas innecesarias o el “atoscanamiento” de según qué espacios.

Así pues, uno de los principales retos en el momento de disponernos a gestionar un paisaje con tal de conservarlo deberemos pasar necesariamente por idear acciones que favorezcan la conversión de ese paisaje hacia alguna cosa productiva, dotarlo de un uso. Y a partir de un cuidadoso diagnóstico evitar caer en su banalización o invertir en acciones innecesarias que puedan contribuir a su degradación a medio o largo plazo.

El paisaje, como recurso en sí mismo, si está bien gestionado supondrá un bien común que perdurará a lo largo del tiempo y que podrá dar un buen uso a las sociedades que los disfrutan y que, además, podrá ser percibido como una cosa armónica y agradable.

 

4. Repensar el paisaje y el patrimonio como recurso

Nos planteamos si es posible entender el paisaje de la misma manera que podemos concebir un elemento mueble, una fiesta de gran valor histórico e identitario o un edificio de gran valor arquitectónico. En efecto, si consideramos que podemos entender nuestro entorno como un patrimonio que debemos conservar y que, además, nos ofrece una imagen contextualizada de los bienes patrimoniales que forman parte del mismo, ¿qué beneficio nos puede aportar esta visión al territorio?

Una propuesta que entienda el paisaje como un patrimonio que nos es común y definitorio debería ser una propuesta con una visión global y transversal, que permita una comprensión unificada de todas las dimensiones que encontramos en un espacio geográfico. Así pues, cuando hablamos de territorio, de su organización, ordenación y estrategias de futuro, debemos poner de manifiesto los aspectos económicos pero también los aspectos educativos, culturales, sociales, turísticos, etcétera. Hablar de desarrollo del territorio debe ser equivalente a hablar de desarrollo humano.

 

5. ¿Cuál es el valor de este recurso y cómo lo podemos aprovechar?

Muchos elementos y construcciones del pasado han perdido su sentido original: caminos de no nos llevan a ningún sitio, campos de conreo urbanizados, masías y terrenos adaptados a nuevos usos, fábricas convertidas en bibliotecas, etcétera. Si queremos recuperarlos como parte inseparable de nuestro entorno es necesario dotar estos elementos de un sentido en el tiempo y el espacio. Es necesario contextualizar su aparición y significado para que formen parte de nuestro entorno y tengan sentido y funcionalidad en el presente así como en el futuro. Así pues, cuando hablamos de territorio, de su organización, ordenación y estrategias de futuro, debemos poner de manifiesto los aspectos económicos, pero también, y con la misma importancia, elementos como la educación, la cultura, la sociedad, el turismo, la naturaleza, etcétera. Es decir, el desarrollo humano. Debemos ser capaces de generar propuestas arriesgadas y novedosas que favorezcan nuevas visiones en el territorio.

Si identificamos estos recursos, los protegemos y reconocemos sus valores, el siguiente paso es establecer su función social. Debemos promover y fomentar sus valores para que estos aporten beneficios sociales, culturales, educativos y económicos para la comunidad que los sustenta. Y ésto lo podemos hacer a través de la educación, por ejemplo, promoviendo el conocimiento y la identificación de los ciudadanos con su territorio. O bien a nivel económico desarrollando planes de dinamización turística que incidan positivamente en la llegada de visitantes.

En primer lugar, mediante un diagnóstico, deberemos considerar los elementos que forman parte de nuestro entorno con el objetivo de identificar aquellos que puedan aportar beneficios a la comunidad que habita un territorio. Éstos, analizados y trabajados en relación a su función social, pueden convertirse en una herramienta de desarrollo local que aporte beneficios a la comunidad que los sustenta y los promueve.

En segundo lugar, si consideramos estos elementos como elementos inseparables que nos definen el territorio, obtendremos una matriz de recursos para poner en valor sus dimensiones sociales, educativas, culturales, naturales, etnográficas, geológicas, etcétera.

Establecidos estos recursos, deberemos construir la identidad territorial poniendo en valor los elementos de referencia para que conformen los ejes básicos de un discurso y una dialéctica que trabaje el desarrollo a partir de la creatividad. Ésto podemos conseguirlo con un diagnóstico previo sobre el patrimonio cultural y natural del municipio; desde una óptica global que comporte una identificación de los elementos más destacables así como un discurso homogéneo al proyecto. Como consecuencia se podrán decidir las estrategias a seguir, las actuaciones prioritarias así como la fijación de objetivos y la planificación adecuadas.

Los territorios necesitan visiones globales, transversales y plurales que pongan de manifiesto todas sus dimensiones. Obviar los valores culturales, naturales y sociales de un territorio es olvidar lo más importante: las personas. Estas son el eje central de cualquier planeamiento que tenga como objetivo la dinamización territorial.

 

6. Desarrollo del territorio: el turismo

El turismo como desarrollador local ha sido un concepto muy manido a lo largo de las últimas décadas pero la cuestión que en realidad deberíamos plantearnos es si realmente ha funcionado como tal.

En la mayoría de casos la respuesta sería negativa ya que ha desembocado en un tipo de turismo que estaba muy lejos de suponer un beneficio para la población local. Los casos más frecuentes son un turismo masificado, que a pesar de crear cierto beneficio económico, comporta consecuencias negativas, como la degradación ambiental y el agotamiento de recursos así como la banalización de la cultura de la población. El segundo error sería un modelo turístico que representa una copia calcada de casos de éxito y que nada tiene de propio y singular, de manera que no aporta ninguna diferencia respecto de la competencia, no despierta suficiente interés en la demanda y que la población ve como una amenaza.

Así pues para conseguir un turismo que conlleve este desarrollo local debemos realizar una planificación que comporte el aprovechamiento de aquellos recursos singulares del municipio, que lo hagan único y auténtico. Por descontado, este turismo debe ser viable pero sobretodo debe estar en armonía con el municipio y su población. Por tanto, debería ser una actividad que esté aceptada y apoyada por la población, que sea sostenible ambiental, económica y socialmente y que revierta positivamente en el municipio. De esta manera el turismo puede llegar a crear sinergias suficientes para el desarrollo del municipio confluyendo en un conjunto de propuestas que repercutan positivamente en la población local:

  • Puesta en valor del patrimonio.
  • Valores educativos y pedagógicos.
  • Recuperación de la identidad.
  • Gestión sostenible del municipio.

Paralelamente una visión de estas características repercutiría positivamente en la propia población aportando una identificación hacia su propio municipio.

Debemos destacar, pero, que todos estos elementos sólo pueden ser posibles si el proyecto es común a todos los agentes implicados. Es decir, la administración debe actuar como aglutinador de la sociedad local, pero debe llevarse a término una colaboración muy estrecha con el sector privado así como con la propia población, abriendo procesos participativos para que ésta haya suyo el proyecto.

 

6.1. ¿Pero qué quiere decir exactamente turismo sostenible?

Turismo y sostenibilidad son dos conceptos que a menudo se ha puesto bajo tela de juicio ya que realmente se duda que sean compatibles. Esto se debe a la concepción tradicional del modelo de turismo fordista que conlleva una gran acumulación de personas y, por tanto, un alto consumo de recursos naturales por un lado y, del otro, una saturación de la capacidad de carga de la sociedad receptora.

Esta cuestión se añade a la confusión del concepto de turismo sostenible con un tipo de producto turístico como sería el ecoturismo (éste último sí sería un producto turístico y, por los principios que lo rigen, debería estar incluido dentro del turismo sostenible). En cambio, el concepto de turismo sostenible tiene la voluntad de conformar una forma de trabajar en el sector turístico de una manera más extensa.

Según la definición de la Organización Mundial del Turismo:

“El turismo sostenible es aplicable a todas las formas de turismo en cualquier destinación, incluyendo el turismo de masas pero también el turismo de pequeños nichos de segmentos del mercado. Los principios de la sostenibilidad se sustentan en el equilibrio entre los tres vértices de la sostenibilidad ambiental, socio-cultural y económico, con tal de poder garantizar su sostenibilidad a largo plazo”.

Es decir, el turismo sostenible no es un producto turístico en sí, no se limita a ciertos tipos de turismo, si no que se trata de una revisión de la planificación y la gestión de las destinaciones turísticas así como de las empresas privadas que participan del sector hacia el desarrollo sostenible.

Por tanto, esto implica todo el sector turístico hacia unos principios de sostenibilidad que tendrían en cuenta: el respeto al medio ambiente, ayudando a preservar el patrimonio natural y la diversidad biológica; el respeto hacia la autenticidad socio-cultural de las comunidades anfitrionas y la garantía de la viabilidad económica a largo plazo de la destinación, reportando beneficios socio-económicos equitativamente distribuidos en la sociedad.

Conseguir este turismo sostenido no es fácil en absoluto, es necesario un proceso continuado y requiere de la participación de todos los agentes implicados en la actividad turística, la cual cosa involucra desde la administración de las destinaciones, hasta los prestadores de servicios turísticos, la comunidad receptora y los mismos turistas. Es necesario, para empezar, un fuerte liderazgo político para poder garantizar una amplia participación y el establecimiento de un consenso entre todos los agentes. Pero además, es necesario, inicialmente, llevar a cabo un trabajo pedagógico para llegar a concienciar a toda la sociedad de la necesidad de iniciar este cambio hacia un nuevo modelo turístico con tal de garantizar la actividad del sector a largo plazo. Evidentemente los avances hacia esta concienciación han sido muy grandes en los últimos años pero hay sectores que parecen indiferentes a esta necesidad de cambio.

Actualmente en los tiempos de crisis que estamos viviendo, este turismo sostenible no es una opción si no una necesidad urgente. Forma parte del nuevo modelo de sociedad más responsable de sus acciones sobre el medio y la sociedad y con una visión a largo plazo, con el objetivo de no agotar todos los recursos y asegurar su continuidad para las generaciones futuras.

 

7. Conclusión

Una mirada amplia del territorio nos puede aportar un carácter único para nuestro entorno, identificando los factores que lo diferencian del resto y tratando de huir de programas clónicos de puesta en valor del patrimonio. Una visión global, partiendo del concepto de paisaje, nos puede ayudar a concebir el entorno en toda su extensión. Esta visión nos permitiría generar nuevos discursos entorno a los beneficios que su puesta en valor puede aportar a la sociedad. Un diagnóstico adecuado de los elementos de nuestro entorno nos puede aportar todo el conjunto de herramientas para la creación de planes de desarrollo en base a diversos procesos como puede ser un turismo sostenible.

 

8. Bibliografía propuesta

  • Consejo de Europa (2000) Convenio Europeo del Paisaje
  • Ley 16/1985 , de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español.
  • Llei 9/1993 ,de 30 de setembre, del patrimoni cultural català.
  • Llorenç Prats (1990) Antropología y patrimonio. Ed. Ariel.
  • Nel·lo, O. (2010) De la conservació a la gestió del paisatge. Discurso de recepción de Oriol Nel·lo i Colom como miembro numerario de la Sección de Filosofía y Ciencias Sociales, leído el 16 de junio de 2010. Accesible en el enlace: http://www.iec.cat/activitats/documents/021-CONSERVACIO.pdf

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